domingo, 30 de noviembre de 2014

Perdoné errores casi imperdonables. Intenté sustituir a personas insustituibles y olvidar personas inolvidables. Me decepcioné de personas que pensé nunca me decepcionarían. Sonreí cuando no podía. Hice amigos eternos. Lloré oyendo música y viendo fotos. Llamé solo para escuchar una voz. Pensé que me moría de tanta tristeza. Tuve miedo de perder a alguien especial. ¡Pero sobreviví! ¡Y todavía sigo viva! Aprendí que a veces el que arriesga no pierde nada, y que perdiendo también se gana. 

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